EL FUTURO PARA LA CURA DEL CÁNCER: LA INMUNOLOGÍA


EL FUTURO PARA LA CURA DEL CÁNCER: LA INMUNOLOGÍA

Un grupo de científicos españoles asegura que la activación de una proteína por las células cancerosas -bautizada como IRAK-M- es lo que permite que el cáncer se desarrolle al lograr que el sistema inmune no las ataque. También han descubierto el proceso de activación. La investigación que ha permitido el descubrimiento se desarrolló en el Hospital La Paz de Madrid bajo la dirección de Eduardo López-Collazo en colaboración con especialistas del Centro de Investigación Cardiovascular de Barcelona, la Universidad de Alcalá de Henares y el Instituto Mario Negri de Milán (Italia). Este trabajo vuelve a incidir en que la solución al cáncer pasa por reforzar el sistema inmune y no por agredirlo con productos tóxicos.


Durante dos días el madrileño Hospital de La Paz se convirtió en centro de actualidad y hasta las grandes cadenas de televisión se hicieron eco de la noticia: un equipo de investigadores españoles, tras publicar las conclusiones de su estudio en Journal of Inmunology -una de las revistas científicas más reconocidas-, daba a conocer un descubrimiento que podía llegar a ser básico en la lucha contra el cáncer. Nada menos que el mecanismo por el cual el sistema inmunitario decide rendirse ante las células tumorales permitiendo así su expansión en nuestro organismo.
Puede que no sea el único mecanismo que inhibe el sistema inmunitario pero la investigación de la que hablamos ha demostrado que la activación de una proteína -bautizada con anterioridad a su descubrimiento como IRAK-M - supone la desactivación del sistema inmune que, de repente, pasa a mostrarse "tolerante" con la célula tumoral a la que un instante antes estaba combatiendo. No se trata nada más que del inicio de un largo camino en el que su investigación básica deberá convertirse algún día en aplicación terapéutica, un camino que no conoce plazos y que ni siquiera garantiza el éxito -sobre todo si no se cuenta con fondos suficientes- pero que muestra una vez más la imperiosa necesidad de abordar el cáncer desde el fracaso del sistema inmunitario. Y la curación desde su adecuado funcionamiento.
No hace muchos meses otro joven investigador español -Antonio Brú- sorprendía a la comunidad internacional con el descubrimiento de que el mecanismo de crecimiento tumoral es idéntico en todos los tipos de cáncer y señalando a los neutrófilos -uno de los cinco tipos de glóbulos blancos o leucocitos encargados de la defensa de nuestro organismo- como la respuesta biológica más adecuada al tumor (vea el
nº 65 de Discovery DSALUD). Sólo que en lugar del reconocimiento y apoyo que merecía su trabajo lo que Bru se encontró fue con que no le renovaron el contrato que tenía con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lugar donde no sólo nunca le ayudaron en sus investigaciones sobre el cáncer sino que encima el centro intentó rentabilizar su descubrimiento como éxito propio. Hoy el despacho que ocupaba está vacío y se ha marchado con sus ideas a otra parte.

Pues bien, ahora otro joven investigador cubano-español (35 años), Eduardo López-Collazo, merced a su investigación sobre la IRAK-M, apunta de nuevo al sistema inmune como vía para buscar en el futuro soluciones terapéuticas al cáncer. Del ruido y la repercusión mediática, promesas del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid incluidas, espera al menos la continuidad de una investigación que no ha hecho sino comenzar.

UN FÍSICO ESPAÑOL NACIDO EN CUBA

Como Brú, López-Collazo no es médico y, claro está, tampoco oncólogo. Y como él, comenzó en los terrenos de la Física; en su caso, la Nuclear. El final de su carrera universitaria coincidiría sin embargo con el auge mundial de la Biotecnología y con el declive del programa nuclear cubano como consecuencia de la caída de la Unión Soviética. Afortunadamente a este joven investigador le interesaban otras muchas áreas del conocimiento y no dudó en indagar en ellas. "La Biología me ha encantado desde pequeño -nos diría López-Collazo durante nuestra entrevista-. En general me gusta la Ciencia, me gusta resolver incógnitas, sea cual sea su origen. Ya sea una cuestión sobre el clima o sobre un proceso tumoral. Así que me subí al carro de la Biotecnología y empecé a estudiar Biología. Me di entonces cuenta del hecho de que haber estudiado Física, de haber estudiado Matemáticas, me daba un punto de vista del que carecían los médicos".

Sería esa visión global lo que le permitió entrar en un grupo científico en Cuba apadrinado por Salvador Moncada uno de sus investigadores con más prestigio internacional. Lo que paralelamente le permitiría optar a una beca en España y así realizar el doctorado en Biología Molecular en la Universidad Complutense. A partir de ese momento su trayectoria sería similar a la de otros muchos investigadores jóvenes. Marchó primero a Alemania y después a Estados Unidos para desde allí regresar gracias a uno de los programas destinados a reinsertar a científicos españoles que estén fuera del país. Sería en todo caso un proyecto sobre tolerancia del sistema inmune frente a las bacterias lo que le permitió entrar en el Hospital la Paz de Madrid donde ha desarrollado la investigación que centró nuestra conversación.

-Curiosamente, sus resultados sobre la incidencia de la IRAK-M en el proceso de desactivación del sistema inmune ante la célula tumoral tiene su origen no en el cáncer sino en las infecciones bacterianas.

-Yo no soy un estudioso del cáncer, yo procedo del campo de las enfermedades infecciosas, de la respuesta a las bacterias y la tolerancia del sistema inmune. Fue así como encontré un importante trabajo publicado en la revista "Cel"l en la que se hablaba de una proteína relativamente desconocida, la IRAK-M, y su incidencia en lo que nosotros denominamos "tolerancia del sistema inmune innato", el proceso por el cual el sistema inmune, después de responder al ataque de un microorganismo, frena su actividad para no matarse a sí mismo. Si no se activara ese mecanismo de freno se produciría un shock séptico en el organismo que podría provocar la muerte. Bueno, pues esa proteína, según la investigación citada, parecía estar implicada en el mecanismo de freno del sistema inmune. Inmediatamente trasladé la investigación a humanos y me di cuenta de que, en efecto, formaba parte del proceso de tolerancia de nuestro sistema inmune. Con nuestra investigación realizamos varias publicaciones en revistas especializadas. La IRAK-M -la M procede de monocito o macrófago- es una proteína muy específica de las células del sistema inmune primario, el primero en responder a un invasor de nuestro organismo. Simplemente constatamos que estaba ahí y que cuando la IRAK-M se expresaba el sistema inmune se frenaba.

-¿Y cómo "pasó" de las bacterias a los tumores?

-Un día, en un seminario, se estaban discutiendo los resultados de un investigador polaco cuando en un momento determinado el ponente se refirió al extraño comportamiento de la respuesta inmune ante las células tumorales. Por un instante desconecté de su exposición y empecé a pensar en los datos que habíamos reunido. Habíamos visto que la IRAK-M era un freno en el contexto de las bacterias y el ponente estaba precisamente señalando que una de las causas por las que el tumor progresa es que de repente el sistema inmune se desactiva cuando entra en contacto con las células tumorales. Y de pronto me dije. "¡Debe de ser lo mismo!".
Verá, según veamos las cosas, desde un punto de vista u otro, ciertas enfermedades pueden ser iguales o diferentes. Las enfermedades de origen bacteriano, vírico o tumoral son diferentes si las estudiamos atendiendo al agente que las provoca: una bacteria, un virus o una célula tumoral. Sin embargo, si las estudiamos desde la óptica del sistema inmune son parecidas porque para éste no dejan de constituir ante todo un ataque al organismo. Y más para el sistema inmune innato, el menos específico. Es decir, son peligros que hay que eliminar. Pensé entonces que si el sistema inmune lo toleraba en alguno de los casos lo más seguro sería que el mecanismo de freno fuera parecido, si no igual, en el resto. Esa fue la chispa. Si la IRAK-M es un freno para el sistema inmune en el contexto bacteriano, pensé, debe serlo también en el contexto tumoral. La ciencia -sonríe- no es a fin de cuentas sino una asociación de ideas.

Así que hicimos un primer experimento entre finales de agosto y primeros de septiembre del 2003. Pusimos en el laboratorio células de mi propio sistema inmune frente a células de diferentes tumores y comprobamos que en un primer instante las primeras atacaban a las segundas pero en el momento en que la IRAK-M se activaba dejaban de hacerlo. Ese fue el paso inicial. Habíamos comprobado que el mecanismo de desactivación o freno era el mismo que en el caso de las bacterias. El siguiente paso era comprobar el mecanismo por el que eso ocurría.

-Pero la activación de la IRAK-M, ¿es una causa o un efecto?

-Es un efecto. Una vez comprobamos que la activación de la IRAK-M y la desactivación de las células del sistema inmune que estaban en contacto con el tumor estaban relacionadas quisimos saber cómo el tumor conseguía que las células del sistema inmune se desactivaran, cómo conseguía engañarlo. Y empezamos a buscar. Iniciamos los experimentos para ver si era algo soluble que segregaba la célula o era algo que estaba anclado en la membrana. Y, sorprendentemente, resultó que eran las dos cosas: estaba en la membrana y, al mismo tiempo, era segregado por el tumor. Era el ácido hialurónico. Para ser exactos, descubrimos que "una de las cosas" que consigue activar la IRAK-M para desactivar el sistema inmune es el ácido hialurónico ya que no podemos ser tajantes y afirmar que esa es la única razón del extraño comportamiento de nuestro sistema inmune ante el tumor.

Lo curioso es que el ácido hialurónico tiene una dilatada historia en Oncología ya que hay estudios clínicos muy serios que correlacionan la presencia de altos niveles del mismo con una mala prognosis lo cual parece lógico según nuestros resultados. Si hay mayor cantidad de ácido hialurónico hay mayor cantidad de IRAK-M y, por tanto, más posibilidades de que el sistema inmune se frene. El ácido hialurónico no sólo se segrega sino que está también anclado en la membrana.

El siguiente paso fue buscar cómo las células del sistema inmune innato, los macrófagos, reconocen el ácido hialurónico. A nivel molecular el entendimiento se produce a través de receptores en las moléculas que encajan unos en otros como llaves en cerradura. Los receptores del ácido hialurónico estaban ya descritos con la denominación de CD44 y TRL4. De hecho, en un primer momento no sabíamos que el TRL4 estaba descrito y pusimos anti-CD44 y un anti-TRL4 como control pensando que el TRL4 no funcionaría y, sorprendentemente, nos dio positivo por lo que tuvimos que buscar otro negativo, el TRL2, para que nuestro experimento fuera válido. A esas alturas todo resultó ya más fácil. Si bloqueamos esos receptores la célula del sistema inmune es incapaz de reconocer el ácido hialurónico y, por tanto, será incapaz de generar IRAK-M y ya no se desactivará. Esa fue una línea de trabajo. La otra línea de investigación fue un poco más difícil y fue silenciar el gen. Yo quería hacerlo porque esa sería la prueba definitiva y nadie podría discutir que era la IRAK-M la que iniciaba el proceso de desactivación. Mediante una técnica muy cara pero muy eficaz retiramos el gen de la IRAK-M y comprobamos que la célula del sistema inmune enfrentada a la célula tumoral, en lugar de desactivarse se desinhibía y seguía luchando contra el tumor. Era la demostración que iban a pedir en cualquier revista importante. Y fue el colofón de la parte básica.

-¿En cuántas líneas celulares tumorales comprobaron el mecanismo de la Irak-M?

-Comprobamos que la proteína IRAK-M se induce en células del sistema inmune al entrar en contacto al menos con 7 tipos de líneas celulares de origen tumoral: glioblastoma, mama, linfoma, colón, epidérmico... Los monocitos con los que realizamos las pruebas en el laboratorio fueron extraídos de la sangre periférica de donantes sanos. En todos los casos se repitió el mecanismo de desactivación. Pero queríamos más. Queríamos tratar de demostrar parcialmente que todo lo que habíamos hecho con células, aunque fueran de origen humano, se repetía también en una persona que padece un proceso cancerígeno. Y de ahí procede la confusión creada en la prensa menos especializada que en algunos casos pareció dar a entender que habíamos trabajado directamente con pacientes.

No fue así y me gustaría que quedara bien claro. Al estar en un hospital como La Paz teníamos la posibilidad de buscar células del sistema inmune, no de donantes sanos sino procedentes de enfermos que tuvieran tumores cuyas células tumorales pudieran ser encontradas en el torrente sanguíneo. La leucemia es un cáncer, las células tumorales están en el torrente sanguíneo y, por tanto, las células del sistema inmune innato de ese torrente sanguíneo están en contacto con los tumores. Las personas que tienen metástasis en sangre de cualquier tipo u origen están en la misma situación. Procedimos a pedir los permisos correspondientes del Comité Ético y como era una simple extracción sin ningún tipo de intervención invasiva nos los concedieron. Y ¡eureka! ¡Volvimos a demostrar que el proceso se repetía! Verificamos que los monocitos de pacientes con leucemia y con metástasis expresan altos niveles de IRAK-M y, por el contrario, dejan de expresar citoquinas como el TNF.

-¿Qué tipo de pruebas han realizado con las técnica del silenciamiento genético y de los anticuerpos para los receptores?

-En ambos casos desactivamos la IRAK-M en monocitos de donantes sanos que luego enfrentamos a tumores. Comprobamos, por ambas vías, que los monocitos seguían sin "tolerar" la presencia de las células cancerosas y las atacaban.

-La investigación básica ha conseguido demostrar por tanto que una vez desactivada la IRAK-M las células del sistema inmune continúan combatiendo las células cancerosas. Además habéis definido los mecanismos necesarios para desactivarla. Suena desde luego muy prometedor aunque se esté lejos de una aplicación terapéutica. A partir de aquí, ¿qué perspectivas se abren a la investigación si se contara con fondos suficientes?

-Primero deberíamos confirmar si existen otros mecanismos que contribuyan a frenar el sistema inmune aunque yo creo que la vía de la IRAK-M, si no la única sí es muy importante porque al quitarla todo funcionó muy bien... Pero puede haber otros mecanismos que conviene tratar de conocer.

Ahora bien, si nos referimos directamente al trabajo con la IRAK-M tendríamos que pasar al trabajo con animales y probar lo que no podemos en seres humanos. Induciríamos uno o dos tumores sólidos en ratones. Luego les extraeríamos células de su sistema inmune para silenciar en ellas el gen de la Irak-M y otros posibles que tuvieran que ver con los mecanismos de tolerancia. A continuación se los infiltraríamos directamente en los tumores y esperaríamos a ver qué pasa en el tumor infiltrado y en el que no lo ha sido. Ese sería el siguiente paso. Por ahora desconocemos cómo puede actuar un cultivo de células silenciadas en el interior de un organismo vivo. No sabemos cómo sería su comportamiento, las células macrófagas son células destinadas pero antes de plantearnos cualquier actuación de este tipo debemos primero saber si a nivel experimental, inyectándolas directamente en el tumor sólido, éste se reduce; o si al menos la terapia es capaz de detener su crecimiento.
Otra estrategia de futuro podría ser utilizar anticuerpos antirreceptores. De hecho, en las pruebas realizadas hemos utilizado anticuerpos antireceptores CD44 logrando que no se expresara la IRAK-M. Quizás suponga menos riesgo trabajar con estos anticuerpos porque en muchas enfermedades se utilizan ya. Es un proceso muy establecido que incluso se puede hacer a la carta. Hay empresas biotecnológicas a las que ya les pides un anticuerpo y te lo dan. Es más, los anticuerpos CD44 y TLR44 que utilizamos para nuestras pruebas los compramos. Se producen para investigación y si fuera el caso se podrían producir para utilización terapéutica, una vez claro está que hayan sido testados y se hayan realizado todas las pruebas de toxicidad encaminadas a ver si pueden ser válidos.

-¿Esos anticuerpos se aplican directamente sobre el tumor o se introducen en el organismo como una vacuna?

-En este capítulo de teorías posibles nosotros sabemos que las células del sistema inmune innato se infiltran dentro del tumor y están vivas. El experimento pasaría por infiltrar en el tumor sólido los anticuerpos aunque desde luego no sabemos si el hecho de que bloqueáramos los receptores nos va a permitir volver a activar el sistema inmune o si eso ocurrirá después de un tiempo muy largo. Hemos comprobado que cuando al sistema inmune le bloqueamos desde el principio estos receptores no se vuelve tolerable frente al cáncer pero lo que no sabemos es si en el caso de que el tumor ya estuviera creciendo, cuando ya nuestro sistema inmune está tolerante, bloquear los receptores le permitiría a las células del sistema inmune volver a recuperar la actividad. Es un mundo de incógnitas nuevas que hay que resolver. Y hacerlo es cuestión de tiempo, apoyo y dinero.

-Estamos hablando de una desactivación puntual de la IRAK-M.

-Si, claro. Aunque se pudiera, la solución no sería nunca desactivar la Irak-M en todos los individuos como solución preventiva contra los tumores. Esta proteína, no lo olvidemos, tiene una función importantísima. Si somos atacados por una bacteria u otro microorganismo el sistema inmune empieza actuar para eliminar la bacteria. Y una vez que la elimina el sistema inmune, si no hay nada que lo frene, empezaría a atacar al propio organismo llegando a provocar un shock séptico y la muerte por la cantidad de sustancias tóxicas que utiliza en nuestra propia defensa y que quedarían incontroladas. El sistema inmune tiene que tener controles negativos como la IRAK-M para frenarse porque si no moriríamos en el primer catarro.
-Su trabajo viene a confirmar la línea de pensamiento científico que sostiene que la respuesta terapéutica contra el cáncer está en cuidar y reforzar el sistema inmune más que en atacarlo.

-Es mi hipótesis. Me parece más interesante estudiar la respuesta inmune basándonos en la interacción entre el sistema inmune y la célula tumoral. Creo que es preferible saber por qué el sistema inmune no hace lo que tiene que hacer que saber por qué una célula tumoral se convierte en cancerígena. Por otra parte, el hecho de que el sistema inmune pueda volver a activarse contra el tumor, de que pueda luchar utilizando las herramientas de nuestro propio cuerpo es una solución mejor. No hay que olvidar que las terapias utilizadas en este momento tienen enormes efectos secundarios.

Eduardo López-Collazo ha abierto una nueva puerta a la esperanza. Tiempo y dinero. De momento solo tiene promesas. En los próximos meses, una vez que se apague el eco de la polvareda mediática, sabremos si simplemente son palabras huecas de políticos en busca de foto o compromisos sinceros de apoyo a una nueva línea de investigación. Lo mejor de nuestro encuentro es saber que López-Collazo y Antonio Brú -cuya investigación conoció a través de nuestra revista- se disponen a colaborar en un próximo futuro. Dos jóvenes investigadores españoles buscando soluciones en el sistema inmune para combatir el cáncer. Ellos ponen el talento ¿Quién está dispuesto a poner el dinero?

Antonio F. Muro



Si la envidia fuera tiña…

Durante la entrevista con Eduardo López Collazo no sólo constatamos la satisfacción por el trabajo bien hecho. También apareció el lado más ruin de la investigación: la envidia. Ningún nombre concreto, por supuesto; tampoco lo esperábamos. Es sólo una sensación, difícil de definir pero fácil de percibir en este retazo de nuestro encuentro. De hecho, la primera pregunta realizada con el único ánimo de constatar si esperaba la expectación generada por el hallazgo tuvo una sorprendente respuesta.

-¿Preocupado por el revuelo suscitado?

-El fin de semana anterior a la presentación en rueda de prensa de los resultados de la investigación estaba deseando que ésta llegara para poder volverme a concentrar en el trabajo pero ahora estoy mucho más preocupado y mucho más agobiado. Antes nadie me conocía -quizás alguien en el mundo científico- pero ahora me conoce demasiada gente. Ahora hay como mucha esperanza, entre comillas, pero al mismo tiempo parece haber un extraño conflicto de intereses que no imaginé que podría crearse alrededor de un trabajo como éste. Hay muchos problemas con la comunidad científica española… Bueno, en fin, me arrepiento de que haya saltado a los medios esta comunicación. Por una parte me siento feliz porque durante tres telediarios, durante un tiempo, una noticia que no era una noticia rosa, un escándalo político o una tragedia ocupó las mentes de los españoles. Fue lo único interesante. Por lo demás ha sido terrible ya que a pesar de que constantemente recomendé a los científicos españoles, a los colegas, que no escucharan lo que decían los medios sino que leyeran lo que publiqué en Journal of Inmunology parece que no ha sido así. Y eso ha generado un cierto conflicto en la comunidad científica española.

-¿En qué lo siente? ¿Lo ha sentido también el equipo?

-El equipo lo siente en un cierto rechazo a que se hayan publicado los resultados, a que haya saltado a los medios una investigación de este estilo. Hemos percibido cierto rechazo incluso dentro la propia comunidad científica. Creo que está dividida en dos. Unos piensan que debemos ser como monjes, haciendo nuestro trabajo científico sin que nadie se entere, permaneciendo al margen de los medios, fuera del "boom" mediático que vivimos en todas las esferas. Y otros, como yo, piensan que toda la sociedad debe conocer en qué se está invirtiendo el dinero, cómo se hacen ciertas cosas, qué hacemos los jóvenes que no nos drogamos. Creo que esas cosas tienen que saberse. ¿Que en algunos medios se exageró? Ciertamente, se exageró. Pero que yo traté de que no se exagerara, también.
Al final, los familiares de los pacientes son los que mejor han entendido la noticia. Unos me han llamado para interesarse, otros se me han acercado, otros me han escrito y la gran mayoría han entendido que no es una estrategia a corto plazo, que no estamos experimentando con personas, que no tenemos un medicamento, un fármaco disponible. No hay nada de eso. Los que yo pensaba que iban a entenderlo menos son los que mejor lo han entendido. Y de quienes pensaba que iba a tener mayor aceptación o apoyo, de la comunidad científica, justamente no ha llegado.

-La comunidad científica ¿Los oncólogos... o los investigadores de base?

-Los científicos en general.

-Pero, ¿qué ha molestado más? ¿Que el descubrimiento haya sido de un grupo de jóvenes, que lo hayáis dado a conocer en el momento actual o, simplemente, que no hayáis callado vuestros descubrimientos para someterlos a otros intereses que suelen acudir enseguida para monopolizarlos?

-Yo creo que un poco de todo. Necesito alejarme de todo esto para verlo desde la distancia. No sé ahora exactamente lo que ha pasado, lo que sí sé es que siento un rechazo grandísimo por parte de mis colegas.

-Pero, ¿de sus propios colegas de La Paz o de los colegas con los que en general trata?
-Las personas que conocen nuestro trabajo han estado y están con nosotros. Afortunadamente estoy contando con el apoyo de la dirección del centro. Sin embargo, las personas que no conocen bien el trabajo son las que han rechazado este salto al gran público.

-Es decir, que los ciudadanos que te reconocen te miran bien pero tus colegas te miran mal.

-Exacto. El resumen perfecto es ese. Y creo que se debe más bien al recelo, a que hemos violado la regla de oro de no ir a los medios, de no darles información, de no dar a conocer lo que se está haciendo.

-¿Y, por cierto, cómo se les ocurrió realizar una presentación tan "mediática"?

-En cierta ocasión una entidad pública me rechazó un proyecto y en la explicación del por qué, al final de la misma, que era un elogio constante, me decían de una manera muy sincera que no me lo aprobaban porque era muy joven y tenía que seguir demostrando mi capacidad. Pasé entonces a buscar financiación privada. Entonces salieron otras convocatorias y quienes ya sabían de esto me comentaron que no había nada que hacer si un proyecto no va "avalado" por algún nombre conocido. Así que decidí que lo que hiciera en el futuro debía darlo a conocer. Por lo que cuando terminamos este trabajo pasé un resumen del artículo al gabinete de comunicación de La Paz pensando que saldría en publicaciones médicas pero al ver de qué trataba ellos mismos me dijeron que debía buscar mayor repercusión. Claro que tampoco ellos pensaron que la respuesta de los medios iba a ser la que fue.

-Y ahora teme que el mal ambiente creado por ello pueda perjudicarle en el futuro.

-Antes pensaba que ser conocido era positivo. Ahora creo que el hecho de que mi nombre se conozca no me a va a favorecer sino todo lo contrario. Se me va a mirar con lupa. Esa es la sensación que tengo. Tenga en cuenta además de que hablamos de una línea de investigación muy delicada porque en España hay grandes centros dedicados a este campo de la investigación. Hay personas muy importantes dedicadas a ello. Y, bueno, yo no resto importancia ni a esos centros ni a los investigadores que en ellos trabajan pero nosotros tenemos nuestro propio punto de vista que, por ser diferente, no deja de ser válido.
A. M.